Érase una vez, la historia de un país que poseía una bandera, la cual todos amaban fuesen de la ideología que fuesen. Todos pensaban en distintos modelos de gobierno, ideas, pensamientos, pero fuese cual fuese, todos tenían un punto común, querían su bandera.
A lo largo de toda su historia, este país, vivió distintas etapas, cada una con su modelo de gobierno, idea y pensamiento. En cada uno de estos periodos hubo penurias y malos momentos, donde incluso sus dramaturgos plasmaban en versos el dolor que sentían por su país. Pero no todos los momentos tuvieron como protagonista la tristeza, ya que también vivieron etapas felices. Durante todo este tiempo, este país siempre tenía presente su bandera, la cual querían por representar su tierra, en la que nacieron.
Todo parecía seguir igual en este país, nadie auguraba lo que podía llegar a ocurrir en este tranquilo lugar. La maldad y la desolación se iban hacer presentes, la guerra entre hermanos comenzaba. A partir de este momento los cielos nunca volvieron a ser celestes, el sol desapareció, y este país y su bandera nunca volvieron a ser el mismo.
La represión, la censura, y la sangre se derramaron haciendo que este país no quisiera nunca más a su bandera, y los que la querían, eran denostados por recordar esa época que nadie quería mencionar.
La maldad y la desolación murió, y este país comenzó a ver el sol, los cielos volvieron a ser celestes y el amor entre hermanos perdono tanta sangre derramada, pero ¿qué paso con su bandera? ¿Les suena esta historia?
Este país cambió, pero su bandera no volvió a ser la misma, y tras 43 años cada vez que se nombra o se ondea en la calle todos recuerdan aquellas fechas. Y solo el deporte ha sido capaz de hacer olvidar aquella etapa negra. Tras tantos años ¿Por qué todo sigue igual?
Manuel Azaña. Presidente de la Segunda República
Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito.